¿Quién pensaréis que yo soy,
que cuanto más y más lavo,
mucho más sucia me voy?
más adivinanzas de cosas de la casa...
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
A la entrada de tu casa algo suena si lo aprietan y tu sales presurosa a abrir deprisa la puerta.
Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.
Es una pera colgada que toda la casa alumbra sin tener humo ni llama.
