De nada me sirven,
estas cuatro patas,
que quieta estoy siempre,
sobre mí, el durmiente.
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Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Sube llena, baja vacía, y si no se da prisa, la sopa se enfría,
Con mi cara tan cuadrada, lisa o con dibujitos, resignada y por los suelos, me repito, me repito...
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Adivíname ésa.
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
Aunque soy iluminada siempre me tienen colgada.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
