Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
