Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
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Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
