Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
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Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
