Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
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Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
