Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
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Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
