Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
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Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
