Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
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Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
