Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
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Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
