Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
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En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
