Campo blanco,
semilla negra,
dos que la ven,
uno que la siembra.
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Campo blanco, semilla negra, dos que la ven, uno que la siembra.
Soy blanca como la nieve, me ponen sobre una mesa, para escribir sobre mí cuanto venga a la cabeza.
Soy pequeño, pequeñito, más con tal poder y arte que, si no me pegan bien, no van a ninguna parte.
Cruza los ríos, también los mares, vuela sin alas a todas partes.
Jamás aprendí a escribir y soy muy gran escribana y, con invención galana, te suelo siempre servir sin cansar tarde y mañana.
Muy chiquito, chiquitito, que pone fin a lo escrito.
Dos son tres, tres son cuatro y cuatro son seis. ¿Qué son?
Sin hablar puedo decir lo que mi dueño ha pensado; tengo un carro, aunque sin mula, y me muero en tres espacios.
Corta bien y no es cuchillo, afila y no es afilador, y te presta sus servicios para que escribas mejor.
No me hace falta sacar pasaje: me mojan la espalda y me voy de viaje.
