Campo blanco,
semilla negra,
dos que la ven,
uno que la siembra.
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Con mis hojas bien unidas, que no me las lleva el viento, no doy sombra ni cobijo, pero enseño y entretengo.
Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
No me hace falta sacar pasaje: me mojan la espalda y me voy de viaje.
Contengo todas las letras, los números y los signos, si me aprietan con los dedos escriben hasta los niños.
Suelo ir de mano en mano, hojas tengo y no soy flor, y aun teniendo muchas letras no soy de nadie deudor.
Blancos son los campos, las semillas negras, cinco son los bueyes que el arado llevan.
Sabana blanca tendida, mariquita negra le baila encima.
Todas las palabras sé y, aunque todas las explico, nunca las pronunciaré.
Con sus páginas abiertas te va ilustrando la mente, si alguna vez lo prestaras, lo perderás para siempre.
Cae de la torre y no se mata, cae en el agua y se desbarata.
