Campo blanco,
semilla negra,
dos que la ven,
uno que la siembra.
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Muy chiquito, chiquitito, que pone fin a lo escrito.
Corta bien y no es cuchillo, afila y no es afilador, y te presta sus servicios para que escribas mejor.
Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
Campo blanco, semilla negra, dos que la ven, uno que la siembra.
Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
Soy blanca como la nieve, me ponen sobre una mesa, para escribir sobre mí cuanto venga a la cabeza.
Con mis hojas bien unidas, que no me las lleva el viento, no doy sombra ni cobijo, pero enseño y entretengo.
Blancos son los campos, las semillas negras, cinco son los bueyes que el arado llevan.
Si me mojas y me pegas viajará la mensajera.
Jamás aprendí a escribir y soy muy gran escribana y, con invención galana, te suelo siempre servir sin cansar tarde y mañana.
