Colgada voy por delante
y al hombre hago elegante.
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En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
