Con «A» empieza mi nombre,
de las damas soy querido,
si me prenden voy seguro,
y, si me sueltan, perdido.
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Cuando pasa ¡cómo pisa!, deja rasa la camisa.
Una cosa que no es cosa y lo es.
Primero ciega, luego pincha y todo une mientras camina.
Cuando me caliento hasta los talones aliso camisas y pantalones.
De mi ojo cuelga un hilo largo, que une las telas y hace las prendas.
¿Quién es esa señora, que tiene la propiedad, de estirar bien lo arrugado y de arrugar lo estirado, con igual facilidad?
Pica, picando, colita arrastrando.
Soy pequeña y afilada y pincho con mis puntadas.
Con «A» empieza mi nombre, de las damas soy querido, si me prenden voy seguro, y, si me sueltan, perdido.
Dama da, dama deja, y no se queja de lo que deja.
