Con dos patas encorvadas
y dos amplios ventanales
quitan sol o dan visión
según sean sus cristales.
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Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Tengo copa y no soy árbol, tengo alas y no soy pájaro; protejo del sol a mi amo, en invierno y en verano.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
