adivinanzas para niños

Dama da,
dama deja,
y no se queja
de lo que deja.

 

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De mi ojo cuelga un hilo largo, que une las telas y hace las prendas.

Largo, largo, como un camino y cabe en un «pucherino».

¿Quién es esa señora, que tiene la propiedad, de estirar bien lo arrugado y de arrugar lo estirado, con igual facilidad?

Un pie grave, ardiente y plano, va dejando el campo llano y, al pasar, su calentura va dejando en la llanura.

Soy alta y delgada, tengo un ojo, hago vestidos y no me los pongo.

Vengo al mundo a trabajar, y tengo tan mala suerte, que todos me pinchan el culo, y yo no me puedo quejar.

Cuando me caliento hasta los talones aliso camisas y pantalones.

Dos hermanas diligentes que caminan al compás, con el pico por delante y los ojos por detrás.

Pico sin tener enojos y, sin nacer, soy de corte, pero muchos, con arrojos, los dedos, viendo mi porte, me los meten por los ojos.

Cuando pasa ¡cómo pisa!, deja rasa la camisa.