Doce caballeros,
nacidos del sol,
todos mueren antes
de los treinta y dos.
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Estoy condenado a un año y un día; si esto es cada cuatro, ¿mi nombre, sabrías?
Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Brazos tengo desiguales y a mi ritmo se mueven los mortales.
¿Qué día será, que entre el sábado y el lunes está?
Corre más que un ciclista, nunca da marcha atrás, si lo pierdes de vista, ¡cómo envejecerás!
Fui y no soy, no soy y fui, mañana seré y hablan siempre de mí.
Como te cases o te embarques en este día fatal, todo te saldrá mal.
Soy un caballero muy aseñorado, tengo doce damas para mi regalo, todas van en coche y gastan sus cuartos, todas usan medias, pero no zapatos.
Doce palomitas en un palomar, a la hora y a los cuartos salen a volar.
