Doce caballeros,
nacidos del sol,
todos mueren antes
de los treinta y dos.
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Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Doce palomitas en un palomar, a la hora y a los cuartos salen a volar.
Dos hermanas en la plaza, ambas marchan a la par, si una da doce vueltas, la otra una, nada más.
Doce caballeros, nacidos del sol, todos mueren antes de los treinta y dos.
Tengo agujas y no sé coser, tengo números y no sé leer.
Como te cases o te embarques en este día fatal, todo te saldrá mal.
Los siete son hermanitos y viven un solo día: cuando uno nace otro muere, y así se pasan la vida.
Todos me esperan pero nunca llego, porque cuando llego yo desaparezco.
De siete en siete vamos cogiditos de las manos.
Estoy condenado a un año y un día; si esto es cada cuatro, ¿mi nombre, sabrías?
