Doy vueltas y no soy tiempo,
un secreto sé guardar,
si no me cuidan, me pierdo.
¿Con mi nombre sabrás dar?
más adivinanzas de cosas de la casa...
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Fui a la plaza y compré un negrito. Llegué a la casa y se puso coloradito. ¿Qué es?
¿Que le pones a una caja que la hace más ligera?
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Tiene luna, no es planeta; tiene marco y no es puerta.
