Doy vueltas y no soy tiempo,
un secreto sé guardar,
si no me cuidan, me pierdo.
¿Con mi nombre sabrás dar?
más adivinanzas de cosas de la casa...
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Ya ves, ya ves, tan claro que es. No me la adivines de aquí a un mes.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
