En el buen tiempo a nadie marea,
en cuanto llueve repiquetea.
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Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
En el buen tiempo a nadie marea, en cuanto llueve repiquetea.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
A la entrada de tu casa algo suena si lo aprietan y tu sales presurosa a abrir deprisa la puerta.
Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
