En lo más alto me ponen
para que el viento me dé,
soy guía para los hombres
y siempre estoy de pié.
más adivinanzas de cosas de la casa...
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
A la entrada de tu casa algo suena si lo aprietan y tu sales presurosa a abrir deprisa la puerta.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Vivo en alta situación y en continuo movimiento, con exactitud presento del aire la dirección.
En el buen tiempo a nadie marea, en cuanto llueve repiquetea.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
De mi madre nací yo, sin fundamento de padre, y luego me he muerto yo y de mi nació mi madre.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
