En lo más alto me ponen
para que el viento me dé,
soy guía para los hombres
y siempre estoy de pié.
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Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Me compran para dormir y me encanta sacudir. ¿Qué soy?
Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Dicen que tiene y no tiene, mucho pincha, poco retiene.
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
