En los baños suelo estar,
aunque provengo del mar.
más adivinanzas de cosas de la casa...
En el campo fui nacida, vestida de verdes ramas, y al pueblo me trajeron, para servir a las damas, a mí todo me regalan, caramelos, miel, melada, mas yo todo lo reparto, porque no sé comer nada.
Es venta y no se vende, es Ana, pero no es gente.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.
Si me mojas hago espuma, con ojitos de cristal, y tu cuerpo se perfuma, mientras llega mi final.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
