Es una caja habladora,
que vive en todas las casas,
y se calla a muy alta hora.
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De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
¿Que le pones a una caja que la hace más ligera?
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
En los baños suelo estar, aunque provengo del mar.
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Tiene un ojo y nada ve, por abrir no es cosa dura, sin embargo por cerrar, sí que cierra y sí que es dura.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
