Estoy dentro de él
y no puedo entrar en él.
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Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Es verdad que tú le miras, es mentira que te ve, sois iguales uno al otro, está claro que eres él.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Tiene agua y no es botijo, está siempre en el jardín. Cada vez que se enrosca, aunque no espanta a una mosca tiene pinta de reptil. ¿Qué será?
Yo tengo calor y frío, y no frío sin calor, y sin ser ni mar ni río, peces en mí he visto yo.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
