Estoy dentro de él
y no puedo entrar en él.
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Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
Pino sobre pino, sobre pino, lino, sobre lino, flores y alrededor amores.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
