adivinanzas para niños

Formamos, como soldados, en una fila
y somos carniceros toda la vida

 

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Pozo hondo, soga larga, y si no se dobla no alcanza.

Al revolver una esquina me encontré con un convento, las monjas vestidas de blanco, la superiora en el centro, más arriba dos ventanas, más todavía un par de espejos y en lo más alto la plaza donde pasean los caballeros.

Dos hermanos sonrosados, juntos en silencio están, pero siempre necesitan separarse para hablar.

Del nogal vengo, y en el cuello del hombre, me cuelgo.

Formamos, como soldados, en una fila y somos carniceros toda la vida

Tengo un tabique en el medio y dos ventanas a los lados por las que entra el aire puro y sale el ya respirado.

Adivina, adivinanza, tiene un solo ojo y una cara ancha.

¿Qué instrumento se puede escuchar, pero no se puede ver ni tocar?

Hay en la plaza nueva un monte, y en él dos cuevas. Más abajo un pozo hondo que tiene el brocal rojo. Altas ventanas, iguales, y en ellas, dos niñas bellas que, a través de los cristales, todo lo ven y lo observan.

Cuando sonríes asoman blancos como el azahar unas cositas que cortan y que pueden masticar.