Formamos, como soldados, en una fila
y somos carniceros toda la vida
más adivinanzas del cuerpo humano...
Vive en la panza y se enseña en ciertas danzas.
Ordenes da, órdenes recibe, algunas autoriza, otras prohíbe.
En un huerto no muy llano hay dos cristalinas fuentes, no está a gusto el hortelano, cuando crecen las corrientes.
Pozo hondo, soga larga, y si no se dobla no alcanza.
Adivina, adivinanza, tiene un solo ojo y una cara ancha.
Aunque sepas ésto, mago no serás, si no sabes dónde, lo digerirás.
No es reloj, pero hace TIC TAC, no usa pilas pero no para de andar...
¿Qué planta será la que en el hombre está?
Al revolver una esquina me encontré con un convento, las monjas vestidas de blanco, la superiora en el centro, más arriba dos ventanas, más todavía un par de espejos y en lo más alto la plaza donde pasean los caballeros.
Del nogal vengo, y en el cuello del hombre, me cuelgo.
