Formamos, como soldados, en una fila
y somos carniceros toda la vida
más adivinanzas del cuerpo humano...
Con ella vives, con ella hablas, con ella rezas y hasta bostezas.
En la jirafa descuella, bajo la barba del rey, lo tiene cualquier botella, la camisa o el jersey.
Pozo hondo, soga larga, y si no se dobla no alcanza.
Cuando sonríes asoman blancos como el azahar unas cositas que cortan y que pueden masticar.
Ordenes da, órdenes recibe, algunas autoriza, otras prohíbe.
En un huerto no muy llano hay dos cristalinas fuentes, no está a gusto el hortelano, cuando crecen las corrientes.
Una señora, muy enseñoreada, siempre va en coche y siempre va mojada.
Uno larguito, dos más bajitos, otro chico y flaco, y otro gordazo.
Hay en la plaza nueva un monte, y en él dos cuevas. Más abajo un pozo hondo que tiene el brocal rojo. Altas ventanas, iguales, y en ellas, dos niñas bellas que, a través de los cristales, todo lo ven y lo observan.
Como la piedra son duros, para el perro un buen manjar, y sin ellos no podrías ni saltar ni caminar.
