Formamos, como soldados, en una fila
y somos carniceros toda la vida
más adivinanzas del cuerpo humano...
Sólo tres letras tengo pero tu peso yo sostengo. Si me tratas con cuidado, te llevaré a cualquier lado.
Adivina, adivinanza, tiene un solo ojo y una cara ancha.
Pozo hondo, soga larga, y si no se dobla no alcanza.
Parecen persianas, que suben y bajan.
Enfundados siempre van y hay que tener cuidado con las patadas que dan.
Como la piedra son duros, para el perro un buen manjar, y sin ellos no podrías ni saltar ni caminar.
Del nogal vengo, y en el cuello del hombre, me cuelgo.
Guardada en estrecha cárcel por soldados de marfil, está una roja culebra, que es la madre del mentir.
Vive en la panza y se enseña en ciertas danzas.
A muchos se lo suelen tomar si antes no se ha ido a pelar.
