Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
