Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Nicanor tenía un barco y con él surcaba el río; ¿era este un barco pequeño o este era un gran navío? Lee despacio, Encarnación, y hallarás la solución.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
En mí se mueren los ríos, y por mí los barcos van, muy breve es el nombre mío, tres letras tiene no más.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
