Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
Nazco en lugares abruptos sin haber tenido padre y conforme voy muriendo va naciendo mi madre.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
