Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Girando toda su vida, toda su vida girando y no aprendió a ser más rápida da una vuelta y tarda un día, da otra vuelta y tarda un año.
