Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
Rompe y no tiene manos, corre y no tiene pies, sopla y no tiene boca, ¿Qué te parece que es?
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Soy una bola grandota, que gira constantemente, y que desea saber, dónde meter tanta gente. Si ya sabes quien soy yo eres muy inteligente.
