Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
Van y llegan, se llevan lo que traen y lo que traen se llevan
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Millares de soldaditos van unidos a la guerra, todos arrojan lanzas que caen sobre la tierra.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Él es tío sin sobrinos, a todos calienta igual. Si no sabes de quién hablo, tras la primavera vendrá.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
