Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
