Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
