Lámina que no se ve
y nos protege del viento.
Aunque la atraviesa el sol,
se empaña con el aliento.
más adivinanzas de cosas de la casa...
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Una caja en tu casa que te sube y que te baja.
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Tiene luna, no es planeta; tiene marco y no es puerta.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Con mi cara tan cuadrada, lisa o con dibujitos, resignada y por los suelos, me repito, me repito...
