Llanura blanca con flores negras;
cinco bueyes aran en ella.
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Tengo hojas sin ser árbol, te hablo sin tener voz, si me abres no me quejo, adivina quien soy yo.
Soy blanca como la nieve, me ponen sobre una mesa, para escribir sobre mí cuanto venga a la cabeza.
Si me mojas y me pegas viajará la mensajera.
Por dentro carbón, por fuera madera, en tu maletón voy a la escuela.
Corta bien y no es cuchillo, afila y no es afilador, y te presta sus servicios para que escribas mejor.
Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
Blancos son los campos, las semillas negras, cinco son los bueyes que el arado llevan.
Contengo todas las letras, los números y los signos, si me aprietan con los dedos escriben hasta los niños.
No me hace falta sacar pasaje: me mojan la espalda y me voy de viaje.
Soy pequeño, pequeñito, más con tal poder y arte que, si no me pegan bien, no van a ninguna parte.
