Lomos y cabeza tengo
y aunque vestida no estoy,
muy largas faldas mantengo.
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Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
