Me pisas y no me quejo,
me cepillas si me mancho,
y con mi hermano gemelo
bajo tu cama descanso.
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Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
