Muchas monjitas en un convento,
visitan las flores y hacen dulces dentro.
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Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
No ves el sol, no ves la luna, y si está en el cielo no ves cosa alguna.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
