Muchas monjitas en un convento,
visitan las flores y hacen dulces dentro.
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Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
Girando toda su vida, toda su vida girando y no aprendió a ser más rápida da una vuelta y tarda un día, da otra vuelta y tarda un año.
Kilómetros mido, hectolitros llevo, kilovatios doy, hectáreas mantengo.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
