Muchas monjitas en un convento,
visitan las flores y hacen dulces dentro.
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Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
