Muchas monjitas en un convento,
visitan las flores y hacen dulces dentro.
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Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
En las regiones polares se encuentra en todos los mares.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
Él es tío sin sobrinos, a todos calienta igual. Si no sabes de quién hablo, tras la primavera vendrá.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
