Muchas monjitas en un convento,
visitan las flores y hacen dulces dentro.
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Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
En mí se mueren los ríos, y por mí los barcos van, muy breve es el nombre mío, tres letras tiene no más.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
En las regiones polares se encuentra en todos los mares.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
¿Qué es, qué es, que te da en la cara y no lo ves?
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
