Muchas monjitas en un convento,
visitan las flores y hacen dulces dentro.
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Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Van y llegan, se llevan lo que traen y lo que traen se llevan
En mí se mueren los ríos, y por mí los barcos van, muy breve es el nombre mío, tres letras tiene no más.
Millares de soldaditos van unidos a la guerra, todos arrojan lanzas que caen sobre la tierra.
Girando toda su vida, toda su vida girando y no aprendió a ser más rápida da una vuelta y tarda un día, da otra vuelta y tarda un año.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
