Muchas monjitas en un convento,
visitan las flores y hacen dulces dentro.
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Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
No ves el sol, no ves la luna, y si está en el cielo no ves cosa alguna.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
