Muchas monjitas en un convento,
visitan las flores y hacen dulces dentro.
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Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Nazco en lugares abruptos sin haber tenido padre y conforme voy muriendo va naciendo mi madre.
Girando toda su vida, toda su vida girando y no aprendió a ser más rápida da una vuelta y tarda un día, da otra vuelta y tarda un año.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
