Muchas monjitas en un convento,
visitan las flores y hacen dulces dentro.
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Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Millares de soldaditos van unidos a la guerra, todos arrojan lanzas que caen sobre la tierra.
Van y llegan, se llevan lo que traen y lo que traen se llevan
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
Girando toda su vida, toda su vida girando y no aprendió a ser más rápida da una vuelta y tarda un día, da otra vuelta y tarda un año.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
