Nazco en lugares abruptos
sin haber tenido padre
y conforme voy muriendo
va naciendo mi madre.
más adivinanzas de la naturaleza...
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Van y llegan, se llevan lo que traen y lo que traen se llevan
