Nuestra dueña nos coloca
uno a cada lado,
siempre pendientes,
siempre colgados.
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Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
