Por la noche me lo pongo,
por el día me lo quito
y en la siesta lo uso un poquito.
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Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
