Redondo, redondo,
sin tapa, sin fondo.
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Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
