Redondo, redondo,
sin tapa, sin fondo.
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De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
