Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
