Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
