Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
