Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
