Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
