Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
