Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
