Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
