Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
