Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
