Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
