Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Tengo copa y no soy árbol, tengo alas y no soy pájaro; protejo del sol a mi amo, en invierno y en verano.
