Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
