Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
