Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
más adivinanzas de ropa y vestuario...
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
