Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
