Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
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Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
