Sin ella en la mano
ni entras ni sales,
ni vas a la calle.
más adivinanzas de cosas de la casa...
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Es venta y no se vende, es Ana, pero no es gente.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Es una pera colgada que toda la casa alumbra sin tener humo ni llama.
Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
Te lo digo y no me entiendes, no tengo boca y si tengo dientes
