Son dos cortinas
en dos ventanitas
que bajando ocultan
dos niñas bonitas.
más adivinanzas del cuerpo humano...
Al dar la vuelta a la esquina tropecé con un convento, las monjas iban de blanco y el sacristán en el centro.
Guardada en estrecha cárcel por soldados de marfil, está una roja culebra, que es la madre del mentir.
Enfundados siempre van y hay que tener cuidado con las patadas que dan.
Del nogal vengo, y en el cuello del hombre, me cuelgo.
Dos niñas asomaditas, cada una a su ventana, lo ven y lo cuentan todo, sin decir una palabra.
Laterales parapetos, que van siempre por parejas, les encantan los secretos.
Vive en la panza y se enseña en ciertas danzas.
Una señora, muy enseñoreada, siempre va en coche y siempre va mojada.
Con ella vives, con ella hablas, con ella rezas y hasta bostezas.
Formamos, como soldados, en una fila y somos carniceros toda la vida
