Soy de cabeza redonda
y me sostengo en un solo pie.
Soy de tal fortaleza
que a Dios hombre sujeté.
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Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
De mi madre nací yo, sin fundamento de padre, y luego me he muerto yo y de mi nació mi madre.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
