Soy de cabeza redonda
y me sostengo en un solo pie.
Soy de tal fortaleza
que a Dios hombre sujeté.
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Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.
Pino sobre pino, sobre pino, lino, sobre lino, flores y alrededor amores.
Cuando la entrada yo les prohíbo, son muchos golpes los que recibo.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
A la entrada de tu casa algo suena si lo aprietan y tu sales presurosa a abrir deprisa la puerta.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
