Tengo hojas sin ser árbol,
te hablo sin tener voz,
si me abres no me quejo,
adivina quien soy yo.
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Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
Tengo hojas sin ser árbol, te hablo sin tener voz, si me abres no me quejo, adivina quien soy yo.
Soy pequeño, pequeñito, más con tal poder y arte que, si no me pegan bien, no van a ninguna parte.
Nunca bien supe escribir pero soy gran escribano; bien que te puedo servir, si me tomas en tu mano.
Corta bien y no es cuchillo, afila y no es afilador, y te presta sus servicios para que escribas mejor.
Muy chiquito, chiquitito, que pone fin a lo escrito.
Una palomita, blanca y negra; vuela sin alas y habla sin lengua.
Blancos son los campos, las semillas negras, cinco son los bueyes que el arado llevan.
Sabana blanca tendida, mariquita negra le baila encima.
Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
