Un barbecho
bien labrado,
ni entra mula,
ni entra arado.
más adivinanzas de cosas de la casa...
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
¿Que le pones a una caja que la hace más ligera?
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
