Un barbecho
bien labrado,
ni entra mula,
ni entra arado.
más adivinanzas de cosas de la casa...
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Adivíname ésa.
En lo más alto me ponen para que el viento me dé, soy guía para los hombres y siempre estoy de pié.
Muchos golpes recibe cuando a la gente, la entrada prohíbe.
Ruedo y ruedo, y en los bolsillos me quedo.
En el buen tiempo a nadie marea, en cuanto llueve repiquetea.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
