Una caja en tu casa
que te sube y que te baja.
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Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
