Pisados, siempre en el suelo,
recibiendo malos tratos,
y sin señales de duelo.
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Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
