Cabecita fría
la noche haces día
cuando te restriego,
cabeza de fuego.
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En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Los tejados protejo y buenas canales dejo.
Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.
