Cabecita fría
la noche haces día
cuando te restriego,
cabeza de fuego.
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Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Tiene un ojo y nada ve, por abrir no es cosa dura, sin embargo por cerrar, sí que cierra y sí que es dura.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
