Ani lloró todo el día;
perdió lo que más quería
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Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
