Ani lloró todo el día;
perdió lo que más quería
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Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
