Ani lloró todo el día;
perdió lo que más quería
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
