Ani lloró todo el día;
perdió lo que más quería
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
