Ani lloró todo el día;
perdió lo que más quería
más adivinanzas de ropa y vestuario...
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
