Ani lloró todo el día;
perdió lo que más quería
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
