Ani lloró todo el día;
perdió lo que más quería
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
