Ani lloró todo el día;
perdió lo que más quería
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Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
