Aquí estamos doce hermanos;
yo, que el segundo nací,
soy el menor entre todos:
¿Cómo puede ser así?
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Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
Cuando apenas he nacido, mi vida se acaba al punto; aunque no soy el primero, lo sigo por todo el mundo.
Una cara con dos manos pegada está a la pared. Antes de un minuto, hermanos, ¿sabréis decirme quién es?
Cada año nazco gordito y cada año me muero flaquito. ¿Qué soy?
¿Qué cosa no ha sido y tiene que ser, y que cuando sea dejará de ser?
En un castillo redondo, doce caballeros de guardia están; un flaco lancero y un gordo escudero, marchan al compás.
Todos me esperan pero nunca llego, porque cuando llego yo desaparezco.
Un árbol con doce ramas, cada rama, cuatro hijas, cada hija, siete hijos, me dices ¿cómo se llama?
De siete en siete vamos cogiditos de las manos.
Somos sesenta mellizos, en torno de nuestra madre, tenemos sesenta hijitos y toditos son iguales.
