Aunque de comida voy cargado,
la gente me vacía,
y nunca soy tragado.
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Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Te lo digo y no me entiendes, no tengo boca y si tengo dientes
