Con mi cara tan cuadrada,
lisa o con dibujitos,
resignada y por los suelos,
me repito, me repito…
más adivinanzas de cosas de la casa...
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Es una pera colgada que toda la casa alumbra sin tener humo ni llama.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
En el buen tiempo a nadie marea, en cuanto llueve repiquetea.
