Con mi cara tan cuadrada,
lisa o con dibujitos,
resignada y por los suelos,
me repito, me repito…
más adivinanzas de cosas de la casa...
Si me mojas hago espuma, con ojitos de cristal, y tu cuerpo se perfuma, mientras llega mi final.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Lo usa el tendero para comer, lo lleva entero si sabes leer.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
