Con mi cara tan cuadrada,
lisa o con dibujitos,
resignada y por los suelos,
me repito, me repito…
más adivinanzas de cosas de la casa...
Yo tengo calor y frío, y no frío sin calor, y sin ser ni mar ni río, peces en mí he visto yo.
Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.
Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Cuanto más se moja, más te seca. ¿Qué es?
Es venta y no se vende, es Ana, pero no es gente.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Es una pera colgada que toda la casa alumbra sin tener humo ni llama.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.
