Con mi cara tan cuadrada,
lisa o con dibujitos,
resignada y por los suelos,
me repito, me repito…
más adivinanzas de cosas de la casa...
Me compran para dormir y me encanta sacudir. ¿Qué soy?
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
¿Que le pones a una caja que la hace más ligera?
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Tengo patas bien derechas, mas no me puedo mover, llevo a cuestas la comida y no la puedo comer.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
En el buen tiempo a nadie marea, en cuanto llueve repiquetea.
