Con mi cara tan cuadrada,
lisa o con dibujitos,
resignada y por los suelos,
me repito, me repito…
más adivinanzas de cosas de la casa...
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
