Con mi cara tan cuadrada,
lisa o con dibujitos,
resignada y por los suelos,
me repito, me repito…
más adivinanzas de cosas de la casa...
Lo usa el tendero para comer, lo lleva entero si sabes leer.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir.
Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
