Del techo al suelo,
cortada y fina,
tela con vuelo.
más adivinanzas de cosas de la casa...
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Adivíname ésa.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
