Dos hermanos sonrosados,
juntos en silencio están,
pero siempre necesitan
separarse para hablar.
más adivinanzas del cuerpo humano...
Cueva con treinta y dos machacantes que dispone de un solo habitante.
Cuando sonríes asoman blancos como el azahar unas cositas que cortan y que pueden masticar.
Son dos cortinas en dos ventanitas que bajando ocultan dos niñas bonitas.
Al revolver una esquina me encontré con un convento, las monjas vestidas de blanco, la superiora en el centro, más arriba dos ventanas, más todavía un par de espejos y en lo más alto la plaza donde pasean los caballeros.
Podrás tocarlos, podrás cortarlos, pero nunca contarlos.
Sólo tres letras tengo pero tu peso yo sostengo. Si me tratas con cuidado, te llevaré a cualquier lado.
Atrás panza y delante espinazo, aciértamelo pedazo de ganso.
Porque no se caiga pagan, pero, si se cae, nadie se agacha a recogerlo.
Parecen persianas, que suben y bajan.
Uno se cree superior, el otro inferior se siente, sin decirse nunca nada, mucho se quieren, tanto que, siempre se están besando.
