En las manos de las damas
casi siempre estoy metido,
unas veces desplegado
otras veces recogido.
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
