En las manos de las damas
casi siempre estoy metido,
unas veces desplegado
otras veces recogido.
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
