En las manos de las damas
casi siempre estoy metido,
unas veces desplegado
otras veces recogido.
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
