Entre mis hojas se esconden
hadas, princesas y duendes.
Cuando me lees de noche,
sin darte cuenta te duermes.
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Sin hablar puedo decir lo que mi dueño ha pensado; tengo un carro, aunque sin mula, y me muero en tres espacios.
Todas las palabras sé y, aunque todas las explico, nunca las pronunciaré.
Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
Nunca bien supe escribir pero soy gran escribano; bien que te puedo servir, si me tomas en tu mano.
Corta bien y no es cuchillo, afila y no es afilador, y te presta sus servicios para que escribas mejor.
Si me mojas y me pegas viajará la mensajera.
Cae de la torre y no se mata, cae en el agua y se desbarata.
Muy chiquito, chiquitito, que pone fin a lo escrito.
Cruza los ríos, también los mares, vuela sin alas a todas partes.
Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
