Es un campo colorado
con los surcos muy derechos;
muy en alto está situado
e inclinado de dos lados.
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Te lo digo y no me entiendes, no tengo boca y si tengo dientes
Cuando la entrada yo les prohíbo, son muchos golpes los que recibo.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
Lo usa el tendero para comer, lo lleva entero si sabes leer.
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
