adivinanzas para niños

Es un campo colorado
con los surcos muy derechos;
muy en alto está situado
e inclinado de dos lados.

 

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Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.

La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!

No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.

Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.

De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.

En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.

Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.

Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.

En el campo fui nacida, vestida de verdes ramas, y al pueblo me trajeron, para servir a las damas, a mí todo me regalan, caramelos, miel, melada, mas yo todo lo reparto, porque no sé comer nada.

En el buen tiempo a nadie marea, en cuanto llueve repiquetea.