Es un campo colorado
con los surcos muy derechos;
muy en alto está situado
e inclinado de dos lados.
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Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Yo tengo calor y frío, y no frío sin calor, y sin ser ni mar ni río, peces en mí he visto yo.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
No pienses que es una col, o que baila el chachachá; búscala sobre tu cama, que yo te la he dicho ya.
Los tejados protejo y buenas canales dejo.
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
