Es un campo colorado
con los surcos muy derechos;
muy en alto está situado
e inclinado de dos lados.
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Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Yo tengo calor y frío, y no frío sin calor, y sin ser ni mar ni río, peces en mí he visto yo.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
