¡Escapa, escapa!
que esto que te digo,
aunque no te obligo,
te abriga y te tapa.
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Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
