¡Escapa, escapa!
que esto que te digo,
aunque no te obligo,
te abriga y te tapa.
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De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
