Resuélveme este dilema:
«soy una, pero soy media».
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Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
