Estoy condenado
a un año y un día;
si esto es cada cuatro,
¿mi nombre, sabrías?
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De siete en siete vamos cogiditos de las manos.
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
En un castillo redondo, doce caballeros de guardia están; un flaco lancero y un gordo escudero, marchan al compás.
Los siete son hermanitos y viven un solo día: cuando uno nace otro muere, y así se pasan la vida.
Estoy condenado a un año y un día; si esto es cada cuatro, ¿mi nombre, sabrías?
Cuando apenas he nacido, mi vida se acaba al punto; aunque no soy el primero, lo sigo por todo el mundo.
Doce palomitas en un palomar, a la hora y a los cuartos salen a volar.
Unas surgen con la luna, a otras las alumbra el sol, todas juegan al corro y todas hermanas son.
Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
¿Qué cosa no ha sido y tiene que ser, y que cuando sea dejará de ser?
