Juntos, en ovillo,
duermen los mellizos;
cuando se separan,
estirados andan.
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Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
