Juntos, en ovillo,
duermen los mellizos;
cuando se separan,
estirados andan.
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Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
