Llevo, sin ser arlequín,
de colores mi librea,
yo salgo de tarde en tarde
y espero siempre a que llueva.
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Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
