Locomotora no soy,
mas cuando con vapor voy,
dejo muy alisado
si me usan con cuidado.
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Con «A» empieza mi nombre, de las damas soy querido, si me prenden voy seguro, y, si me sueltan, perdido.
Un pie grave, ardiente y plano, va dejando el campo llano y, al pasar, su calentura va dejando en la llanura.
Soy pequeña y afilada y pincho con mis puntadas.
Una cosa que no es cosa y lo es.
¿Quién es esa señora, que tiene la propiedad, de estirar bien lo arrugado y de arrugar lo estirado, con igual facilidad?
Locomotora no soy, mas cuando con vapor voy, dejo muy alisado si me usan con cuidado.
De mi ojo cuelga un hilo largo, que une las telas y hace las prendas.
Cuando me caliento hasta los talones aliso camisas y pantalones.
Tan largo como un camino, proviene de vegetal, y a pesar de su extensión, en un cesto puede estar.
Dos hermanas diligentes que caminan al compás, con el pico por delante y los ojos por detrás.
